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jueves, 28 de febrero de 2013

SÍGUEME


¡¡¡SÍGUEME !!!

Cuando, las horas de desaliento te invadan el alma,
y las lágrimas afloren en tus ojos...
Búscame: YO SOY AQUEL QUE SABE CONSOLARTE.

Cuando desaparezca tu ánimo para continuar
a pesar de las dificultades de la vida,
o cuando sientas que estás pronto a desfallecer,
Clama a mí: YO TE DARÉ NUEVAS FUERZAS.

Cuando, sin clemencia no encontraras donde reclinar tu cabeza... 
Clama a mí: YO SOY TU REFUGIO.          

Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción,
y te consideres incapáz de conservar la serenidad,
Clama a mí: YO TE DARÉ LA PACIENCIA para que puedas continuar.

Cuando tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino,
Clama a mí: YO SOY EL BÁLSAMO,
que cicatrizará  tus heridas y aliviará tus padecimientos.

Cuando ya nadie puede inspirarte confianza...
Clama a mí: YO TE DARÉ DESCANSO.

Cuando la tristeza o la melancolía,intenten albergarse en tu corazón...
Clama a mi: YO TE DARÉ MI PAZ.

Cuando, te sientas desesperado...
Clama a mí: YO AUMENTARÉ TU FE.

Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano, 
Clama a mí: YO TE DARÉ LAS FUERZAS PARA PERDONAR.

Cuando dudes de todo, hasta  de tus propias convicciones,
y el escepticismo te aborde el alma,
Clama a mí: YO RENOVARÉ TU FE.

Cuando te sientas traicionado por tus semejantes...
Clama a mí: YO SOY FIEL.

Oh Dios, sé que soy un pecador y necesito que me perdones.
Yo creo que moriste por mis pecados.
 Me arrepiento de mis pecados. 
Te invito a que vengas a mi corazón y a mi vida.
Quiero creer en Ti como mi Salvador
y seguirte como mi Señor en la comunión de Tu iglesia.  
En el nombre de Jesucristo, Amén.



viernes, 15 de junio de 2012

FIDELIDAD RECOMPENSADA


Cierto famoso filántropo incrédulo, ordenó a sus empleados un sábado, que el domingo por la mañana fuesen al puerto para descargar un buque recién llegado. Un joven escribiente suyo contestó tranquilamente: 


—Señor G., no puedo trabajar los domingos.
—Ya conoce usted el reglamento —le contestó el señor G.
—Sí señor, lo conozco, y aunque soy el sostén de mi anciana madre, no puedo trabajar los domingos.
—Bueno, pues, suba usted al despacho y el cajero le entregará su cuenta—
dijo el Señor G.


Por espacio de tres semanas anduvo el joven buscando trabajo. Cierto día se presentó un banquero al incrédulo señor G., preguntándole si podía recomendarle persona honrada y fiel para cajero de un banco que iba a abrirse.


El incrédulo mencionó al joven que había despedido, recomendándolo como persona a propósito.


—Pero —dijo el banquero—, usted lo despidió.
—Sí señor —respondió el señor G—, lo despedí porque no quería trabajar los domingos. Pero un hombre que puede perder su puesto por no violentar su conciencia, servirá bien de cajero de confianza.
 (Revista Homilética).




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