Rincón sobre textos bíblicos con imágenes, reflexiones para devociones o devocionales, ilustraciones bíblicas, reflexiones para la vida, fortaleza para tu alma, paz para tu mente, fe para tu espíritu. En agradecimiento a Dios Padre, Jesucristo, al Espíritu Santo, su Palabra y por estar siempre Junto al Camino de la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta esfuerzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esfuerzo. Mostrar todas las entradas
viernes, 15 de marzo de 2013
SÉ LO MEJOR
martes, 19 de febrero de 2013
EL PLACER DE SERVIR
GABRIELA MISTRAL
Toda la naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento,
sirve el surco, sirve la flor, sirve la tierra.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo que todos rehuyen, hazlo tú;
sé tú el que aparte la piedra del camino,
el que ponga fin al problema,
el que ponga luz donde los demás perdieron la esperanza,
el que salpique gozo en los corazones tristes.
Pero, qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho;
si no hubiera un rosal que plantar, un niño que peinar,
o una misión una empresa que emprender.
Hay alegría de ser santo y la de ser justo,
pero hay, sobre todo,
la hermosa,
la inmensa alegría de servir.
No caigas en el error,
de que sólo se hacen méritos con los grandes trabajos;
hay pequeños servicios:
arreglar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.
Aquel el que critica, éste el que destruye;
sé tú el que sirve.
El servir no es una faena de seres inferiores.
Dios, que es el Creador y la Luz, sirve.
¡Pudiera llamarse: "el que sirve"!
Y tiene sus ojos en nuestras mano
y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy? ¿A quién?
¿Al árbol? ¿A tu hermana? ¿A tu madre?
martes, 12 de junio de 2012
EL SALMO DEL MAESTRO
JEHOVÁ, es mi ayudador;
no temeré guiar a estos alumnos.
Él me lleva al lugar Santísimo
antes de que yo prepare esta lección.
Me conduce hacia el corazón de la verdad,
y prepara la mente de los alumnos para la verdad.
Me da una visión de la inmortalidad de estas vidas.
Me hace ver lo sagrado de la enseñanza de Su Libro.
Aunque a veces me desanime y desespere, levantaré mi
cabeza,
porque mi promesa no me hará fracasar.
Su palabra no volverá a él vacía, y mi fe habrá de
alumbrar,
sin disminuir por los años venideros.
Tu andas delante de mí para que la semilla sembrada
germine.
Estarás junto a mí todos los días, y hablarás
a través de mis labios, de modo que estos alumnos
nos sientan muy cerca a DIOS.
Tú harás que mis esfuerzos
sigan recogiendo cosecha
por años sin cuenta.
Mi gozo es grande al saber
que cada esfuerzo
en tu nombre prevalecerá.
De cierto, tu amor y tu cuidado
me acompañarán
todos los días de mi vida,
y algún día viviré para siempre
con los que
obran justicia.
LA PARÁBOLA DEL RELOJERO
Apocalipsis 2:20
Si en ti hay algo radicalmente malo, algo que requiere un cambio radical y tú no puedes lograr este cambio; y si sólo Dios puede hacerlo, síguese que: o Dios hará esta obra en ti sin tu ayuda, o la hará con tu consentimiento. Y por cierto Dios nunca salva al hombre sin su consentimiento.
El hombre no es una máquina. Si tengo un reloj que no marca bien la hora, lo llevo al relojero, en cuyo caso el reloj no consiente ni puede consentir. El relojero lo desarma, encuentra la falta y la remedia, siendo el reloj completamente pasivo. Cualquier otra clase de máquina se repara de la misma manera. Pero el hombre fue hecho a la imagen de Dios, y esta imagen queda en parte en el hombre aún después de la caída, en su poder de pensamiento y en el libre albedrío. Digo con gran reverencia que Dios respeta a las criaturas de su creación, y en consecuencia de ello no trata a los seres humanos como si fuesen máquinas.
El Creador respeta la mente, capaz de pensar; el corazón, capaz de amar; la conciencia, capaz de juzgar; la voluntad, capaz de escoger. Por lo tanto nos presenta la salvación como algo que se puede escoger y aceptar: no lo puedes ganar, o conseguir por tu esfuerzo; pero la puedes tomar por fe; y nunca será tuya si no la tomas así. —A. T. Pierson.
UNA VISITA DE DIOS
La lectura de la Biblia, durante veinte días, mientras que componía la música para el oratorio, “El Mesías”, produjo un cambio maravilloso en la vida de Jorge Federico Handel.
El gran compositor había llegado a un fatal momento de su vida cuando todo le parecía inútil; ya nadie se complacía en escuchar sus composiciones musicales; la inspiración había huido de él, y estaba, digámoslo así, en bancarrota. Una noche, profundamente desanimado, regresó a su casa obsesionado por una sola idea: descansar, dormir, olvidarlo todo.
![]() |
| JORGE FEDERICO HANDEL |
Pero el insomnio se apoderó de él; una tempestad agitaba su pecho. Al fin, se levantó, encendió nuevamente las velas y llevó el manuscrito hacia la luz. Leyó el título, “El Mesías”, y en seguida las palabras, ¡Consolaos! ¡Consolaos!” Éstas le llamaron la atención: era el maravilloso principio de la poesía y, a la vez, un desafío celestial al ánimo apagado del compositor. Apenas había leído las primeras palabras cuando éstas empezaron a traducirse en un lenguaje musical que dilataba, elevándose triunfalmente hacia el cielo. Una vez más Handel oyó tonos musicales después de una larga sequía de inspiración.
Con los dedos temblorosos pasaba las páginas. Se sentía llamado a elevar su voz con gran fuerza en un numeroso coro. Ya oía vibrar los instrumentos al soplo poderoso de las tubas, sostenido por los acordes fulminantes del órgano. Desapareció el cansancio; fue bañado en un mar de tonos musicales que corrían como olas sobre su alma, agitando la inspiración dormida.
Tomó su Biblia y empezó a leer las profecías del Mesías prometido, su advenimiento, y al fin, su ascensión al Padre. El fuego divino ardía nuevamente en su ser; las lágrimas inundaban sus ojos. Tomando la pluma, comenzó a traducir sobre el pentagrama lo que resonaba en su mente y en su corazón. Sus dedos corrían incansablemente y pronto se vieron las hojas de papel cubiertas de extraños signos musicales. La ciudad dormía bajo el manto de una densa oscuridad, pero el espíritu de Handel estaba iluminado por una luz celestial, y su cuarto vibraba de música.
Día y noche estuvo entregado a su tarea, viviendo y respirando una atmósfera de ritmo y tono. Cuanto más se acercaba el fin de su composición, con mayor violencia le azotaba el temporal de esta furiosa inspiración. Ya pulsaba las cuerdas del clavicordio, ya cantaba, ya escribía con ligereza hasta agotar la fuerza de sus dedos. Nunca antes había vivido una similar batalla musical.
Quedaba sólo una palabra para ser ungida de la iluminación el —amén— dos sílabas, pero esas dos sílabas debían ser construidas sobre un monumento que alcanzara los cielos. El compositor dilató la primera sílaba hasta sentir que llenaba no solamente una catedral, sino también la misma cúpula del cielo.
Al fin, después de veinticuatro días, un milagro en el mundo de la música, fue terminado el oratorio. La pluma cayó al suelo y Handel durmió por diecisiete horas. Al levantarse, se sentó al clavicordio y tocó con desbordante alegría la última parte de “El Mesías”. Una vez que hubo terminado, un amigo le dijo: “¡Nunca en mi vida he escuchado cosa parecida!”
Handel, con la cabeza inclinada, respondió: “Dios me ha visitado.” —El Mensajero Pentecostés.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



